miércoles, 10 de octubre de 2007

"El Piraña" doctor en Telemedicina.

Miguel Ángel Valero, ayer, en el momento de jurar como profesor titular de Ingeniería Telemática en la Politécnica de Madrid

Han pasado más de 25 años desde que Miguel Ángel Valero, el famoso «Piraña» de Verano Azul, compartiera aventuras, risas y lágrimas con Chanquete y sus amigos. Tras una brillante carrera, aquel niño regordete y bonachón, se convirtió en doctor ingeniero de Telecomunicación. especialidad en Telemedicina. Ayer, en su Universidad, la Politécnica de Madrid, juró su cargo de profesor titular en Ingeniería Telemática. Asegura que estudiar Teleco le ha permitido satisfacer las inquietudes de su alma médica y tecnológica a la vez. «Estudie Telecomunicación porque desde pequeño quise hacer algo en favor de los demás desde esa doble dimensión». Ahora trabaja e investiga en Bioingeniería y Telemedicina y orienta su tarea en favor de personas que sufren enfermedades que les impiden salir de casa para acudir al médico. No en vano, a lo largo de su Doctorado desarrolló un modelo de atención médica por ordenador para este tipo de pacientes. Su inquietud social le ha llevado también a trabajar como cooperante en Guatemala y a «mover» a las asociaciones de Teleco.
Concluido Verano Azul, rodó varias películas y anuncios publicitarios, grabó un disco... Pero su mundo no era definitivamente ese, al menos como forma de vida, como profesión. «Mi vocación profesional era la Ingeniería y mi afición, el cine», Y como a todos, le llegó el momento de decidir. Pudo elegir Telecomunicación en primera opción e iniciar el camino que le ha llevado a hacer realidad su vocación.
Miguel Ángel terminó la carrera en la Politécnica en apenas seis años y en 2001 recibió el premio a la mejor tesis doctoral en Servicios de telecomunicación Interactivos para la sociedad. Su obra llevaba el complejo título de «Modelo de previsión de servicios interactivos de telemedicina en el hogar sobre redes de banda ancha» o, lo que es lo mismo, un modelo de atención médica a distancia, por ordenador, que puso en práctica en el Hospital Severo Ochoa.
De Verano Azul recuerda tantas cosas buenas que no se atreve a destacar una. «Fue -dice- una experiencia extraordinaria, una escuela de convivencia y un gran aprendizaje porque desde muy pequeños nos sumergimos en un mundo de adultos».
El doctor Miguel Ángel Valero resalta los valores de Verano Azul, que sólo pretendía contar una historia, que no estaba condicionada por la presión de la audiencia, «como ocurre ahora con series similares». A sus dos hijos, todavía muy niños, les gusta ver sus episodios, pero les parece que su papá «suena con una voz diferente».

La noticia es del periódico ABC