martes, 17 de febrero de 2009

La noticia de la muerte de Gonzalo Goicoechea ya sale en los medios

En la edición del diario El País de mañana vendrá un artículo dedicado a la muerte de Gonzalo Goicoechea. De momento ya sale en la edición digital. Os la dejo por aquí.


El periodista y guionista cinematográfico Gonzalo Goicoechea falleció en Madrid el pasado sábado a los 58 años de un fulminante ataque al corazón. Fue habitual colaborador del director Eloy de la Iglesia, con quien escribió una decena de películas que trataban de hurgar en mundos marginales -droga, homosexualidad, delincuencia juvenil-, dando con ellas testimonio de los avatares de una época políticamente alborotada, los años setenta y ochenta, en que aún quedaban muchas cuestiones difíciles de expresarse en libertad.

Los guiones de Goicoechea y Eloy de la Iglesia -Los placeres ocultos, El diputado, La mujer del ministro, El pico, La estanquera de Vallecas...- eran en cierto modo desmadejados, esquemáticos, incluso panfletarios, pero fueron acogidos con entusiasmo por el público joven de los cines de barrio. Estas películas, generalmente mal vistas por la crítica del momento, componen hoy un documento social de la España de la última etapa del franquismo y de la transición, que otros cineastas no supieron reflejar con similar crudeza.

Como periodista, en Interviú y sobre todo en Triunfo, Gonzalo Goicoechea también mostró su preocupación por temas sociales, destapando con frecuencia aspectos oscuros de sucesos aparentemente vulgares, o relatando las difíciles circunstancias históricas del País Vasco (colaboró con Pedro Olea en el guión de Akelarre), o haciendo mordaces críticas de cine con el seudónimo de Eugenio Luquin.

Su ironía iba pareja de cierto arrojo. Por ejemplo, fingió desmayos que desorientaron a los médicos castrenses, eludiendo así el servicio militar, o se contrató como guía turístico de ciudades que él mismo no conocía. Desarrollaba los guiones que llevaba en mente en conversaciones siempre brillantes, traspasando con frecuencia los límites establecidos por la sociedad biempensante. Uno de ellos, Galopa y corta el viento, que no llegó a realizarse, trataba nada menos que de las relaciones homosexuales entre un guardia civil y un etarra. No fue el único proyecto suyo que quedó truncado.


Fuente original: El País

Ahí queda eso, maestro.