viernes, 27 de noviembre de 2009

Bosque de Hürtgen (65 años)

Después de consolidado el desembarco en Normandía y repuestos del fracaso de la Operación Market-Garden, la ofensiva aliada comenzó e empujar a los alemanes hacia el este. Los alemanes declararon a París ciudad abierta y poco después el General Model sugirió al alto mando alemán que le permitieran la retirada hasta la Línea Sigfrido. Pero eso no podía ser aceptado por Hitler, quien sólo aceptó retroceder las líneas a un frente por delante de dicha línea, así el frente de guerra alemán era trasladado al Muro del Oeste, mientras que en la Muralla del Atlántico apenas quedaban focos aislados de resistencia que fácilmente sumaban los 200 mil hombres. El 10 de setiembre de 1944, la primera patrulla aliada cruzó la frontera al sur de Aachen en el frente que se alineaba paralelo a la Línea Sigfrido. Encarando a las fuerzas estadounidenses aparecía un cinturón de bosques, el Hürtgenwald, que formaba parte de la línea de defensas alemanas. Tres días después, el 13 de setiembre, las fuerzas estadounidenses lanzaban su ataque a través de la enmarañada foresta de Hürtgen.

La importancia militar de Hürtgen

El bosque de Hürtgen o Huertgen era un refugio desde donde los alemanes podían reagruparse y atacar. Es por esa razón que los mandos aliados decidieron que era mejor ocuparlo, que rodearlo y por tanto se empeñaron en desalojar a los alemanes, a pese de lo difícil y costoso que resultaría. Por su parte y por razones similares, también los alemanes defendieron el bosque de Hürtgen, pero especialmente porque las dificultades que ofrecía el terreno facilitaban su defensa, particularmente teniendo en cuenta que contaban con sólo una fuerza reducida de defensa, pero decidida a mantenerse firmes en sus posiciones. Había también razones de tipo estratégico. La cercanía de la frontera belga les ofrecía la oportunidad de bloquear el avance aliado hacia Holanda, las represas eran vitales para la zona y finalmente, porque detener el avance enemigo al oeste del Rur les brindaba el tiempo que requerían para reagrupar las fuerzas necesarias para lanzar la contraofensiva en las Ardenas.

El Bosque de Hürtgen

El Bosque de Hürtgen, abarca en realidad también los bosques de Roetgen y Wenau que se extienden desde la frontera entre Alemania y Bélgica, en un área de unos 120 Kms2, formando un triángulo con las ciudades de Aachen, Monschau y Duren. Al sur del bosque se encuentran las tierras altas y hacia el norte la planicie cruzada por numerosos ríos, en especial el Rur. Siete represas proveen de agua y suministran la energía eléctrica a la región. Lo que fue el campo de batalla, comprendió un rectángulo formado por los poblados de Eschweiler en el noroeste, Duren en el noreste, Rutgens en el suroeste y la represa de Schwammenaul en el sureste.



El medioambiente

La combinación de mal tiempo, el bosque en sí y la moderna maquinaria de guerra convirtió al bosque de Hürtgen en el "Grune Holle" (Infierno Verde) que no sólo fue causa que los soldados se atemorizaran, ante la enorme sensación de indefensión que causaba, sino también por la claustrofobia que el enmarañado bosque les hacía sentir. Las copas de los árboles de 7 a 30 metros de alto ocultan el sol, mantienen el suelo húmedo y el ambiente se hace más tenebroso al permanecer sumido en la penumbra. Los abetos crecen tan cerca unos de otros, que en muchas partes sólo es posible andar a gatas entre los troncos, pues las ramas tejen un enrejado a un metro del suelo que hace imposible que un hombre avance erguido. En el bosque, la orientación es sumamente difícil y dependiente de las brújulas, porque casi no hay puntos de referencia con el que se pueda uno guiar, excepto por los rompefuegos, que de tanto en tanto zanjan el bosque formando verdaderos caminos.

Obstáculos y trampas

Además de los obstáculos de la Línea Sigfrido, es decir, casamatas, búnkeres y trincheras, la foresta estaba sembrada de minas antitanque y antipersonal, trampas cazabobos, alambres de púas, estacas etc. Las tropas defensoras estaban equipadas con antitanques panzerfaust y panzerschreck. Como la observación queda limitada a unos pocos metros, la orientación para guiar el fuego de artillería era muy difícil y por eso mismo, no era raro que las unidades perdieran el rumbo o quedaran extraviadas en el bosque. Resultaba imposible seguir las trochas de los cortafuegos, usándolos como caminos, porque siempre se encontraban bloqueados por troncos de árboles, minas, alambradas de púas, trampas cazabobos y obstáculos resbaladizos que hacían imposible que los hombres pudieran escalar, a menos que tuvieran ayuda desde fuera de la zanja cortafuego. Los morteros además de la artillería fueron usados con gran profusión y a medida que las explosiones iban desforestando el bosque, se hacían más efectivos contra las fuerzas enemigas.

El clima

En el otoño de 1944 el clima era extremadamente húmedo porque llovía durante días seguidos, además la niebla y el aire gélido hacía la vida miserable a los soldados. A medida que avanzaban los días, la niebla se convertía en bruma y la lluvia daba paso a las nevadas. Pero, aunque no lloviera o nevara, de las copas de los árboles constantemente caían pequeños chorros o interminables gotas de agua. Las trincheras y los puestos de observación se anegaban y congelaban impidiendo a las tropas moverse con facilidad. Los soldados dormían en el lodo de las trincheras y los abrigos se humedecían y congelaban haciéndolos muy pesados de llevar. Como el suelo es arcilloso en esa área, el lodo resulta de consistencia aceitosa, haciendo perder el equilibrio a cualquiera, al primer desnivel del terreno, por lo que era común que los soldados resbalaran por un risco oculto bajo la vegetación. Lo peor de esas caídas, era el temor que sentía el soldado al no poder reincorporarse a la unidad por lo extremadamente difícil que resultaba ascender la cuesta enlodada, teniendo además en la mente el temor a un francotirador en las espaldas. Miles de hombres sufrieron de "pie de trinchera", congelamiento de miembros o enfermedades respiratorias. El paso de los vehículos transformaba los cortafuegos en zanjas de lodo, el agua y el barro inutilizaba los equipos de radiocomunicaciones, el frío congelaba baterías eléctricas o el agua de las cantimploras y las armas fallaban cuando menos debían.

En Hürtgen el apoyo aéreo era imposible, los tanques inútiles. Los efectos de la artillería cambiaron los métodos de supervivencia, por ejemplo, para no morir o ser herido por las explosiones que destrozaban los troncos de los árboles disparando las astillas como lanzas y flechas, no era aconsejable lanzarse al suelo, sino más bien protegerse, parado al lado de un grueso tronco de árbol.

La moral de las tropas

Bajo una situación así, la moral de las tropas estadounidenses se resquebrajaba con facilidad, ocasionando escenas de pánico y en no pocas ocasiones, la huida o desbandada de unidades enteras. Muchos hombres eran arrestados por incumplir las órdenes y miles de ellos fueron evacuados presentando cuadros de severas alteraciones psicológicas.

Los soldados de la reducida fuerza alemana, tenía la moral baja, debido a las continuas derrotas desde el desembarco en Normandía y por ello sólo peleaban por su seguridad personal o gracias al estricto y eficaz entrenamiento. Pero, por causa de la orden de no retroceder, algunos soldados alemanes optaron por la rendición, antes que enfrentar la furia de sus superiores. No era raro, en los dos bandos el que algún envidiara al compañero que supuestamente podría haber sido hecho prisionero.

El laureado escritor Ernest Hemingway, dijo que la Batalla de Hürtgen se comparaba a la ofensiva británica en Paschendale, durante la Primera Guerra Mundial. Los alemanes hicieron comparaciones similares con acciones ocurridas en 1917-1918 y hasta con los combates en el Frente del Este.

Fuerzas alemanas

Manteniendo esa parte del frente, bajo la jurisdicción del Grupo de Ejércitos B del Mariscal de Campo Walter Model, se encontraba el 7mo Ejército del General Brandenberger. Las reducidas fuerzas de Brandenberger deberían contener a ocho Divisiones de Infantería y 2 divisiones blindadas estadounidenses. Las fuerzas alemanas la componían las divisiones 3ra Fallschirmjäger, 12 Volksgrenadier, 47 Volksgrenadier, 89 Infanterie, 116 Panzer, 272 Volksgrenadier, 275 Infanterie, 344 Infanterie y 353 Infanterie.

La 275 División Volksgrenadier que se hizo fuerte en el bosque desde octubre de 1944 y que opuso una exitosa resistencia a las divisiones estadounidenses 9 y 28, durante los primeros intentos aliados por ocupar Hürtgen. Sin embargo al 16 de noviembre esa unidad había absorbido otros 37 batallones, aunque al comenzar el ataque estadounidense, sólo dos batallones de los regimientos 275 y 985 fueron los que soportaron el ataque de la 22 División estadounidense.

La artillería alemana estaba al mando del General Hans Schmidt con 25 piezas motorizadas de 150mm, 122mm y 105mm, más 106 piezas de campo de varios calibres desde 88mm a 210 mm, sumando un total de 131 piezas, aparte de morteros. Las fuerzas de Schmidt contaban también con 21 cañones de asalto, 22 antitanques de 75mm y un antitanque de 88mm.

Fuerzas estadounidenses

El 12 de setiembre las primeras unidades de avanzada de la 1ra División de Infantería y de la 3ra División blindada de EEUU, de los 120 mil efectivos estadounidenses que participaron en los combates, se aproximaron a la frontera alemana en Roetgen al sur de Aachen. Participaron las divisiones 1ra Infantería, 3ra Blindada, 4 Infantería, 8 Infantería, 9 Infantería, 28 Infantería, 78 Infantería, 83 Infantería, 5 Blindada, 7 Blindada, 366 Grupo de combate y 82 Aerotransportada

Primeros combates

La primera unidad que entra en el Bosque de Hürtgen es la Fuerza de Tarea B del 3er Comando de Combate al mando del Teniente Coronel William Lovelady. Al día siguiente, se enfrentan a la Línea Sigfrido al norte de Roetgen y un día después la 9 División, que cubre el flanco derecho de Lovelady, penetran en el centro del Bosque de Hürtgen enfrentándose al 74 Cuerpo alemán, que los desaloja, sale del bosque y ocupa el pueblo de Schevenhütte.

A partir de ese día, ocurren un sinnúmero de batallas en toda el área. Los mandos aliados envían divisiones tras divisiones al combate, para reemplazar a otras tantas, que diezmadas, son retiradas a retaguardia. Un aspecto que descuidaron los estrategas estadounidenses fueron las represas, pues de haber podido tomar el valle rápidamente, los alemanes lo podrían haber inundado, causando miles de muertos más y deteniendo la ofensiva. Sin embargo, ese aspecto no fue considerado siquiera a la hora de planificar las operaciones.

Las fuerzas alemanas infligieron enormes pérdidas a los estadounidenses que soportaron al menos 24 mil bajas contra 12 mil alemanas. El resultado de la batalla no fue halagador para los aliados, porque los 120 km2 ocupados no tenían ningún valor estratégico para la consecución de la campaña y a los alemanes les sirvió para preparar su ofensiva en las Ardenas. Por ello, debido al alto costo y al tiempo que les tomó a los estadounidenses ocupar el bosque, la Batalla de Hürtgen, que en buena cuenta fueron un gran número de pequeñas batallas, quedó oculta en la historia y ensombrecida por la posterior contraofensiva alemana en Las Ardenas.

El General James M. Gavin comandante de la legendaria 82 División Aerotransportada en su ensayo: La sangrienta Hürtgen. La batalla que nunca debió pelearse, dijo:

"Si para los alemanes la Batalla de Hürtgen fue la Primera Fase de la Batalla del Bulga, para los estadounidenses tratar de ocupar el bosque fue una horrorosa equivocación."


Este texto ha sido extraído de Exordio. Sobre la Batalla del Bosque de Hürtgen, John Irvin realizó la maravillosa película "Cuando callan las trompetas".

2 comentarios:

Mr. Lombreeze dijo...

Me lo he pasado teta leyendo este post. Gracias.

Charly Ramone dijo...

Sí, la verdad que está guapo. Yo lo había leído hacía ya algún tiempo, me acordé, y lo coloqué XD

Te recomiendo ver la película que abajo cito, está bastante bien.